martes, 9 de abril de 2013

¿ENOJO QUE DESTRUYE O ENOJO QUE RESUELVE?


  (Susana Paredes Núñez,
1º Grado Psicología.
Antigua alumna del centro).


   Como todos sabemos, nos enojamos o “enfadamos” cuando algo nos frustra. Es decir, son numerosos los motivos que nos llevan al enojo,( desde los más leves hasta los más intensos y amenazadores) pero siempre existe un factor común en toda esta historia: una frustración.
   Asegurar la consecución de nuestros deseos u objetivos conlleva a una sobrecarga de energía. No obstante, al no saber cómo canalizar adecuadamente esta fuente energética, en lugar de contribuir a la resolución del conflicto a menudo se convierte en un problema más. 

(Imagen original de http://desmotivaciones.es/tag/enojo/24)


   La cualidad más o menos destructiva de este enojo dependerá, en gran medida, de las evaluaciones o conclusiones que nuestra mente desarrolle con respecto al obstáculo. Dicho con otras palabras, un insulto solo lo consideraré como destructivo para mí si la evaluación que hace mi mente del insulto es negativa. Si en mi mente no se produjese esta evaluación negativa, el insulto no tendría la menor importancia en mi persona.
   Pero el problema verdaderamente surge a continuación, cuando extendemos este enojo destructivo al resto de las situaciones en las que debemos enfrentarnos a un impedimento que nos frustra. A partir de aquí, dichas personas que sufren este tipo de enojo destructivo están encadenadas a una vida de continuo resentimiento y enojo. Si pienso que la esencia de la vida es una batalla continua en la que quien gana sobrevive y triunfa, y quien pierde es extinguido, mi objetivo a toda costa será ganar y viviré continuamente en un clima emocional de guerra infinita. Esto conllevará en un futuro no muy lejano a la desaparición de nuestras posibilidades de entusiasmo y alegría.
   Es por ello, por lo que debemos buscar la fórmula más adecuada para resolver el problema que produjo el enojo. Y como solución a esto se plantea la autoafirmación. La autoafirmación no es más que saber cómo expresar un desacuerdo sin agraviar, con claridad, firmeza y respeto. Este sería el enojo que resuelve, a diferencia del enojo que destruye cuya base se encuentra en aquellos que todavía no han aprendido a autoafirmarse bien, por lo que la descarga de energía se produce a través del insulto y el escándalo.
   Está en nuestra mano el intento de desarrollar diariamente la capacidad de autoafirmación y así poder conseguir una vida plena, en la que nuestro enojo o enfado no se convierta en destructivo sino en todo lo contrario, en un hecho resolutivo.

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